viernes, 25 de noviembre de 2016

Cristal, la pizpireta madame.

Fecha: Noviembre 2016
Tarifa: 100 la entera
Contacto: http://www.lasdamasdelplacer.com/contacto/
Nacionalidad: brasileña.
Ciudad: Madrid (zona de Bravo Murillo).
Lugar de la cita: agencia. Habitación algo pequeña, baño fuera de ella, todo perfectamente limpio y ordenado.
Horario: de lunes a viernes en horario comercial.
Edad: unos 40.
Carácter: abierta y simpática, buena conversadora y pendiente en todo momento pero sin parecer forzada, muy natural. En el tema es morbosa, juguetona y propone y recibe ideas perfectamente.
Descripción del físico: chica bajita,  menudita, con físico firme y “apretado”. Rostro agradable que al mirarlo sabes que lo vas a pasar bien con ella. Culo amplio y apetecible, seguro que se lo mirarías por la calle al verla pasar.
Higiene: perfecta. Ducha antes y después.
Besos: un festival.
Francés: natural.
Griego: no pregunté.

¿Repetiría?: sí.


Un par de recientes experiencias con jovencitas, me dejaron con la agridulce sensación de que faltaba algo más para rematar el encuentro. Así que dirigí la mirada a una madurita que había llamado mi atención, con la esperanza de que tuviera ese toque especial en el trato que tienen las chicas algo más mayores. Y que la mayoría de las veces supera el hecho de tener un cuerpo joven y bonito.

Cristal trabaja de madame en un piso situado por Bravo Murillo y también atiende clientes, pero siempre con cita previa. Supongo que para organizarse el tiempo. En fin, que tras concertar la cita con antelación me recibió en el piso otra chica. Al poco entra Cristal, vestida con lencería y sobre unos tacones. Nada más verla el pálpito es excelente: va a ser un encuentro muy grato y divertido. Cómo así fue. Relajada charla inicial, algunas bromas, piropos y acercamientos más sensuales. Lo único que me descolocó fue el trajín que se llevaban para cobrar y traer la bebida. Entrando y saliendo varias veces de la habitación Cristal y la chica que me había recibido.

Al desnudarnos mutuamente en la habitación compruebo que mi acompañante tiene un físico, cómo diría mi abuelo: más prieto que los tornillos de un submarino. Prototipo que es una de mis fantasías particulares. Aunque pensándolo bien, ¿qué prototipo no lo es? Nos dirigimos al baño y procedemos a la sesión de higiene. En la ducha se producen los primeros toqueteos serios, algún beso y nos vamos animando. Al salir y sin previo aviso, Cristal comienza a chupármela en el baño. Con suavidad y morbo. Pero cuando estamos en lo mejor, sonríe y cambia de tercio. Según volvemos a la habitación por el largo pasillo, fijo la mirada en sus curvas y me deleito con lo que está por venir.

De nuevo en la habitación nos exploramos despacito, con tiempo. Los besos de Cristal son cálidos y poco a poco sube la temperatura hasta que no puedo aguantar más y la devoro entera. Ella ríe sorprendida y lejos de dejarse hacer, me va guiando por donde le gusta más. Suelta un par de guarradas mientras se relaja y disfruta. Después de un buen rato nos volvemos a morrear y ella llena mis labios de saliva, antes de pasar al francés. Suave y salivado. Muy rico y lo va alternando con comida de huevos y en cierto momento, con beso negro. Hacía mucho que no me hacían uno y a pesar de ser algo corto fue una gozada.

Me incorporo para cambiar de tercio y antes de que darme cuenta, Cristal tumbada boca arriba, con las piernas abiertas ha dejado caer su cabeza por el borde de la cama y me hace otro francés. Agarro su cuello, acaricio sus tetas y su coño.  No es una garganta profunda pero le follo la boca mientras le meto mano por todo el cuerpo. No aguanto más, así que tras colocar el condón, follamos a cuatro. El culo de Cristal, como ya he dicho, es de lo más apetecible y empujo con ganas. La posición inicial va cambiando mientras el colchón se mueve, mis piernas golpean la cama y mi polla entra hasta donde físicamente es posible. Cambiamos al misionero, comiéndonos la boca. Esto no dura mucho y Cristal me cabalga. De frente y de espaldas. Agarro su cintura y acompaño sus movimientos mientras mi pelvis busca ajustarse lo más placenteramente posible. Estamos así un rato largo, no sé cuánto, hasta que bajamos la intensidad y paramos un poco. Estamos exhaustos. Creyendo que vamos a hacer una pausa me despisto un poco, pero Cristal vuelve al ataque y se acopla encima de mí con todo su cuerpo. Los besos son morbosos, repletos de saliva y los movimientos de su cintura hacer estragos. La sujeto para que mantenga esa posición y poco a poco aumenta la intensidad. Exploto en un orgasmo.

La hora ha acabado pero necesitamos recuperar un poco de fuelle. Un par de risas mientras nos despabilamos y pasamos al baño a darnos una necesaria ducha. Tras la despedida, noto en mi cuerpo los efectos beneficiosos de una buena sesión de sexo. Sin duda alguna, lo mejor es la actitud de Cristal. Simpática, divertida y sabe cómo crear un buen ambiente. Volveremos.




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