domingo, 11 de septiembre de 2016

Isabela, la gata pin-up.

Fecha: Septiembre 2016
Tarifa: 120 la entera
Contacto: 685235673
Nacionalidad: española.
Ubicación: Nueva Numancia, Madrid.
Lugar de la cita: apartamento de la chica. Reformado y moderno. Algo pequeño, pero sin problema. Limpio y ordenado. Isa convive con dos gatos, con lo que los alérgicos lo llevamos un poco peor. Pero no entran en el dormitorio.
Horario: de 14 a 20 horas. Mejor preguntar, creo que también recibe los sábados y en otros horarios.
Edad: ¿30? Ni idea, me despista.
Carácter: buen y educado trato. Tiene claro lo que hace. Quizá en mi caso, le faltó algo de naturalidad.
Descripción del físico: cuerpazo currado de gym y tatuajes cómo para una boda. Ver las fotos. Piel blanca, algo morena por el verano. Su rostro no destaca cómo el resto de su cuerpo. No me pareció fea, pero sí y cómo diría mi abuela “le falta angel”. No sé si me explico.
Higiene: perfecta.
Tatuajes: incontables.
Besos: si.
Francés: natural.
Griego: no.



Tras un chasco mañanero que no viene a cuento relatar aquí, me doy cuenta de que con algo de suerte podré cuadrar agenda con Isa. Le he tenido en mente durante muchos meses y al fin quizá pueda conocerla. Llamo y hay suerte, podemos quedar poco tiempo después. En la conversación me pareció clara y simpática. Eso junto a sus incontestables fotos y la multitud de buenas experiencias que pueblan los foros, me hacen verlo meridianamente claro. Blanco y en botella, vaya.

Abre la puerta y veo a un mujerón, a un pibonazo en toda regla. Modelo de lencería negra y taconazos que adornan una figura excelsa. Todo curvas, todas espléndidamente puestas. Tras el saludo, me planto delante de ella para romper un poco el hielo y de paso, deleitarme y calibrar al pedazo de tía que tengo delante. No ha lugar. Me gustan los tatuajes,  cuando conversando, intento ver de cerca un poco los suyos, y de paso el resto de su anatomía, se da la vuelta. Atropelladamente me indica el procedimiento a seguir. Dónde está el baño, cómo funciona la ducha, dónde dejar la ropa, me presenta a los gatos y al desodorante (esto último dos veces).


Al salir de la ducha (sin desodorante, pero me enjaboné bien los sobaquillos) me recibe en la entrada del dormitorio. A puerta gayola. Me morrea según cruzo el umbral de la puerta. Pero tan fríamente que me siento cómo el armario empotrado que tenemos al lado. Un minuto hubiera bastado. Un par de frases, un par de sonrisas y yo me hubiera puesto cómo una moto. No pudo ser. Cuando la ayudo jugando, a quitarse el modelito, se lo quita con la misma gracia que mi abuela el camisón. Mi sensación es que ella va con el piloto automático. Mi morbillo, ni jugueteo, ni ná de ná.


Pasamos al sexo y otro detalle me come la moral. Cuando toco sus pechos, cambia de posición y los pone fuera de mi alcance. No estoy siendo brusco pero intento hacerlo con más delicadeza. Nada, es cómo el gato y el ratón. Igual me pasa con su vagina. Río para mís adentros y provoco el juego. Pongo mi mano allí, esa se escabulle. La pongo aquí, también se escabulle. Hago la prueba varias veces con un cien por cien de acierto.

En resumidas cuentas una experiencia muy sosa, gélida y aburrida. Con la impresión de que Isa tenía prisa o le pasaba algo. El único momento que pareció relajarse fue en la charla postcoital, cuando hablamos sobre sus gatos. Esa actitud que no se describir bien hizo que no me metiera en la cita. Una lástima.







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