martes, 22 de diciembre de 2015

Maya, cubana rotunda.


Fecha: Diciembre 2015.
Tarifa: 100 la entera.
Contacto: 685376627 (aunque no contacté en este teléfono).
Ubicación: zona Pacífico (Madrid)
Lugar de la cita: apartamento compartido con otra chica. Espacioso y con todo lo necesario para los asuntos a tratar.
Edad: ¿cerca de los treinta?
Carácter: un tanto distante.
Implicación: algo escasa.
Físico: mulatona, con algunos kilos más de los que se intuyen en las fotos. Prototipo de chica con protuberantes curvas, con pechazos y culazo.
Higiene: correctita.
Tatuajes: espalda, en la parte baja.
Besos: picos robados y con la puntita de la lengua al final de la cita.
Francés: sin.
Griego: con suplemento.


Los accidentes y las casualidades a veces traen sorpresas agradables. Mi intención no era quedar con Maya, pero la situación lo propició y me acerqué a hacerla una visita. Hace pocas fechas, un día a deshora me acuerdo de Yennifer, cuyo encuentro relaté aquí, ya que estaba por la zona en la que recibe. La llamo y al contestar me dice que no puede quedar, pero que puedo pasar a ver a una amiga suya. Me la describe cómo: “guapa de cara, con buenas tetas y buen culo”. Me acordé de unas fotos de un anuncio dónde ofrecen servicios conjuntos y contesto que de acuerdo.
Yennifer de pie, Maya en cuclillas

Me abre la puerta Maya, vestida con un bikini estampado de tonos azulados. Es tal y cómo me la había imaginado: rotunda, con un esplendoroso pecho y culo y bastante llamativa. La primera impresión que me da es de aspecto descuidado. Tras los trámites económicos y del tiempo, me acompaña al baño. Mientras me lava bromeo un poco e intento comenzar los juegos, pero ella me esquiva. En fin, me pareció que la cosa no iba a rodar fácilmente.

En la habitación comenzamos el juego del gato y el ratón. Maya evita los besos y cuando quiero disfrutar de los encantos de su cuerpo (delanteros y traseros principalmente) cambia de tercio en seguida y me deja a medias. Su francés me resulta soso y repetitivo y mi ánimo empieza a decaer. Es algo brusca en sus maniobras y siempre se coloca en una posición fuera de mi alcance de maniobra. La cita no iba por buen camino. Me comió, la comí, probamos múltiples posturas (la de a cuatro es un espectáculo), nos restregamos y ella utilizaba recursos que otros momentos me resultan muy morbosos y gratificantes: se embadurna las tetas con aceite, me insta a que le meta el dedo por el culo, escupe en mi polla. El problema es que lo hace con la misma actitud rutinaria con que el empleado de correos te pone los sellos en la correspondencia. Constantemente mira al tendido con cara de aburrimiento y mi excitación decae según pasan los minutos. Al final termino mientras ella me hace una paja y me da unos pseudo besos con lengua.

Resumiendo, una hora de duro trabajo (ni sé la de cosas que intentamos) para muy poca gratificación. ¿Posibles causas de la desidia de Maya? Las ignoro. Yo intenté ser agradable y respetuoso, bromear y que estuviéramos cómodos, pero fue imposible. Después cotilleé su labor en los foros de la red, y muchas experiencias eran similares a la mía. Me parece una lástima porque creo que con mejor ánimo, la experiencia podría haber sido muy buena.





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