lunes, 14 de septiembre de 2015

Pamela, el esplendor de la juventud.


Fecha: Septiembre 2014.
Tarifa: 60 la media y 80 la entera.
Contacto: 628917127 (Agencia Noche y Día).
Ubicación: Zaragoza, calle Fernando el Católico.
Lugar de la cita: piso de agencia. Algo anticuado y destartalado.
Horario: 24 h.
Edad: 23 dice la publi. Creíbles.
Carácter: trato fácil y tranquilo, con algo de sentido del humor se congenia bien con ella, implicada en el tema y si todo va bien, se suelta y se deja llevar un poco más.
Físico: el que reflejan las fotos. Pelo liso muy largo, cara guapa sin destacar excesivamente por ello. Mulata atlética, sobre el 1.70, cintura estrecha, culete respingón, se nota que se cuida pero sin exageraciones, pechos en su justa medida. Un conjunto muy apetecible
Higiene: correcta.
Tatuajes: no recuerdo.
Besos: sí.
Francés: sin.
Griego: no pregunté.
¿Repetiría?: sí.
Puntos a favor: carácter agradable, simpática y tranquila, buen físico y buena implicación.

Puntos a mejorar: un lavado de cara al piso no le vendría mal.

Mala racha. Llevaba varios meses en los que las incursiones a territorios desconocidos resultaban ser un fiasco completo. Lo que me hacía recurrir a las sospechosas habituales para tener un buen encuentro. Pero al fin, la tendencia cambió.  Me encontraba en Zaragoza con un montón de horas libres tras finiquitar mis obligaciones y después de una búsqueda breve y un par de números sin respuesta, di con el anuncio de Pamela. Llamé y pese a la impresión que más tarde constaté, de que hablaba con la encargada, me acerqué al piso.

Se trata de una agencia situada en una avenida céntrica, en la que al menos ese día había dos chicas. Incluida Pamela. Me recibe la encargada y  tras esperar un minuto escaso, aparece ella por el pasillo. Enormes tacones y ceñidísimo vestido color fucsia que me van guiando por un largo pasillo. Cuerpazo, pienso al verla. Entramos en la habitación y Pamela me da muy buenas vibraciones. A parte de su físico, claro. Tengo la impresión de que no lleva mucho en el mundillo y que no es nada afectada. Breve charla para romper el hielo y ella bromea un poco, con el tono justo. Me cae bien, vuelvo a pensar. Y tras contemplar más detenidamente sus muchos encantos externos, se me sube la bilirrubina.


Pasamos al baño. Nos acicalamos por separado y Pamela me empieza a provocar jugando. Creo que es parte de su puesta en escena habitual pero me pone más a tono. De regreso a la habitación seguimos con los juegos. Su cintura estrecha, con un tonificado abdomen (se nota el ejercicio físico) y su culo redondo y respingón, hacen un perfecto conjunto con sus pechos. Generosos sin ser muy grandes, perfectos para saborear. En estos primeros compases Pamela no besa demasiado. Cuestión de confianza, pienso. Me come el torso hasta llegar a mi polla y me hace un francés. Estamos así un rato pero ante tal exuberante hembra, no resisto la tentación. Le indico que se tumbe. Poco a poco voy recorriendo todo su cuerpo. Con largas escalas en sus pechos y labios inferiores. Pamela se va soltando y noto primero su sorpresa y después su excitación. La mía sube muchísimos enteros cuando  noto la de ella. Sus flujos se deslizan por mis labios y ella con un movimiento de cintura constante, me dirige hacia donde más le gusta. Acaricio sus tetas, agarro sus nalgas, oigo sus gemidos.

Llegados a un punto Pamela se incorpora. Nos besamos, ahora con más profundidad y soltura y reanuda el francés. Más húmedo y morboso que el anterior. Me dejo llevar y el placer me invade. Damos por terminado el tercio y Pamela me cabalga. Su juego de cintura es sobresaliente, cuando reposa su cuerpo encima del mío es una maravilla. Y cuando nuestras lenguas batallan en esa posición, mucho más.

Las posturas se suceden: a cuatro, misionero, de lado. Todas muy placenteras y en todas destaca la manera de moverse de Pamela. Incluso en el misionero, su cintura se transforma en una batidora, siendo ella la que me folla hasta que exploto en un orgasmo. 

Reposo, algo de charla y la sintonía que percibí al principio se afianza. La conversación es típica y tópica pero estoy a gusto con ella. Recuperado del orgasmo mi cuerpo sigue reaccionando a la presencia de Pamela y le propongo alargar un poco más el encuentro. Si el primero fue un señor polvo, al segundo se le unen mayores dosis de morbo. Más humedad, más lascivia y  aunque tardo más de lo habitual en mí en terminar, Pamela no baja el ritmo ni un ápice. Para acabar y viendo que el maldito tiempo se nos escapa, recurro a un viejo truco para irme. Y ella le da el toque justo, devorando con fruición mi boca.

Otro poco más de charla y relax y el tiempo acaba. La encargada llama con fuerza a la puerta, por lo visto no la oíamos. La verdad es que Pamela me pareció un solete de chica, un cuerpazo y muy agradable en general. Espero que mi nueva visita a la ciudad no se haga esperar demasiado.



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