domingo, 2 de agosto de 2015

Yrina / Pantera / Yalin... Desentreno profesional.




Fecha: Julio 2015.
Tarifa: 100 la entera, 50 la media.
Contacto: 635139090.
Ciudad: Ferrol. Pero es itinerante, recibe en otras ciudades.
Lugar de la cita: apartamento.
Edad: reconoce 49.
Carácter: tenso.
Físico: fotos retocadas, sobre todo en la cadera, pero son de ella. Madura, con cuerpo de gym, cara normal pero morros morbosos, tripa algo caída, pechos operados (para reducir, según me contó), cicatrices en los pechos y el abdomen, culo duro pero quizá con algo de cirugía. Es llamativa, madurita prieta que despierta los bajos instintos.
Implicación: nada de nada.
Higiene: correcta.
Tatuajes: no recuerdo.
Besos: no
Francés: con.
Griego: dice que sí, pero me fue imposible.
¿Repetiría?: nunca.
Puntos a favor: no se me ocurren.
Puntos a mejorar: todos los relacionados con el servicio.




Cosas que pasan por no informarse sobre la chica con antelación. De paso por Ferrol por temas laborales tengo algo de tiempo libre y el cuerpo me pide guerra. Consulto unas páginas y de los tres anuncios que me llaman la atención, uno es el de Yrina. Y es la única que me coge el teléfono. Su atención telefónica me parece correcta, me apeteció en rollo de una madura cachondona y cierro la cita con ella.

Recibe en una calle muy larga, con nombre de carretera, en un piso algo destartalado y lúgubre. Me recibe en lencería, mallas y taconazos. Da impresión de tía profesional y con muchos kilómetros a sus espaldas. Inocente de mí, creí que podríamos sacar provecho de su experiencia. Charla preliminar y algo brusca me pide el dinero. Sobran diez euros y me dice que muchas gracias por la propina. Ese detalle me toca la moral y se los reclamo bromeando. Sesión de higiene en solitario y de vuelta para la habitación. Se desviste rutinariamente mientras me habla del tiempo y se sienta en la cama. Suena el teléfono. Atiende la llamada y da toda la información al posible cliente. Mientras, yo observo la escena desnudo de pie, sin saber que hacer. Ya van varios detalles que no me gustan, pero lo tomamos con calma.

Cómo se ha levantado para responder al teléfono, me acerco a ella y comienzo los preliminares. No besa, me rehúye. La meto mano con suavidad y le dedico algún piropo. Ella me cuenta en tono áspero que si hace mucho gimnasio, que si se ha quitado pecho y que a ver qué cuerpo hay como el suyo con sus 49 años. Todo eso me parece muy bien, pero me parece que lo que quiere es ganar tiempo. Se sube a la cama y me indica que me acueste. Con un preservativo en la boca comienza un francés. Me dice, sin yo haber abierto la boca antes, que me lo colocará justo en el momento antes de follar. Que no me preocupe.


Con todo, el francés está bastante bien dadas las circunstancias. Es decir: con protección, chica desganada y yo mosca tras varios detalles que no son de mi agrado. Al poco se cansa, me enfunda el preservativo y se coloca en posición para el misionero. Me da la impresión que no tiene ganas de currárselo nada, pero antes de proceder intento hacer algo más de preliminares y le comienzo a comer las tetas. Grandes y hermosas, con la caída justa para los años. El teléfono vuelve a sonar, Yrina se revuelve y responde al teléfono. Yo reacciono bajando hasta su coño y comiéndoselo. Ella da un respingo y suelta un gemido. La situación me da morbo y mientras le da los detalles, se lo como a saco. A ella parece gustarle y con la mano en mi cabeza me dirige hacia donde más le gusta. Sin duda, ese rato fue lo más morboso de la cita.

Cuelga el teléfono y me dedica una frase guarrona. Tengo la esperanza de que sea el comienzo de una remontada de una cita tan sosa. Pero no las tengo todas conmigo. Pasamos al misionero. Yrina finge sin mucha convicción y yo la follo egoístamente, sin importarme si ella está a gusto. Paramos y ella hace de amazona a la japonesa. Arranca bien en esa posición pero al poco se escaquea para que la penetración no sea profunda y bloquea mis manos, que intentan acariciar sus tetas y su culo.

A propuesta suya cambiamos a cuatro. Vista la poca gracia del encuentro, me centro en mi polla y en follarla buscando mi orgasmo. Curiosamente, ella aguanta si rechistar y sin ninguna de las artes del escaqueo antes utilizadas. La penetro con intensidad, por momentos siento verdadero placer sexual e insisto en ello. Estamos un rato bastante largo hasta que ella en tono de reproche me dice que aguanto mucho y que necesita parar un poco que sino “se corre”. En fin, para un instante que disfruto me corta el rollo.


Se pone junto a mí y me empieza a pajear con intensidad. El objetivo es claro: que me corra lo antes posible. He pagado una hora y llevamos media en el piso. Suena el teléfono. Vuelve a contestar y tras dar la pertinente información queda en veinte minutos con el siguiente cliente. Eso me mosquea. Queda media hora y ha cerrado la próxima cita para dentro de veinte minutos. Mi pene reacciona y se arruga. Entonces ella dice resueltamente que hagamos griego. Cómo mi polla ante su actitud ha perdido todo interés en ella, no entra por su culo. No está lo suficientemente dura. Entonces comienza una serie de reproches. Que así no se puede, que llevamos mucho rato, que hemos gastado no sé cuantas gomas, que tal y cual. Todo esto mientras me pajea como si mi aparato fuera una zambomba. Con la misma delicadeza. Le digo que lo deje, que da igual, que pasemos del tema. Yo estaba mosca pero sin intención de enfadarme, de buen humor. Pero a Yrina le molestó mi tono algo jocoso y se enfadó de verdad.

En fin. Aquello fue como aplacar un león. Encima de que cómo cliente me sentía estafado estaba intentando que no me montara un folllón. Pasé al baño, me vestí y a la vuelta parecía estar más tranquila, pero seguía farfullando y lanzándome pullitas sin parar. Su actitud no me parecía de recibo e hice otro chiste, lo que hizo que se cabreara más. En fin, surrealismo total. Menos mal que al final pareció relajarse un poco y nos despedimos cordialmente.

Según bajaba me topé en las escaleras con el cliente con el que había quedado mientras estaba conmigo. Le dí las buenas tardes mientras él me esquivaba la vista. Sentí lástima por el pobre tipo.

Pero lo realmente interesante fue cuando llegué al hotel. Enchufé Internet e hice una búsqueda del teléfono de Yrina. Descubrí que en varios foros criticaban su hacer profesional e incluso en un par de experiencias había momentos clavados a los que viví yo. Hay comentarios del año 2009 e incluso del 2005. Menos par de post, todos contando lo mismo.

También descubrí que utiliza o ha utilizado varios nombres: Yrina, Pantera, Yalin. Varias nacionalidades: panameña, cubana, española.Y varios números de teléfono: 610869506, 693614087 y 635139090, en ciudades como Madrid, San Sebastián, Pontevedra, Bilbao, Valladolid, Palencia, Segovia, Burgos, etc.

 Si hubiera seguido mi rutina normal de enterarme un poco sobre la chica en cuestión, no me hubiera acercado a verla. Si es que ya me vale.




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